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En entornos donde todo cambia solemos reforzar procesos y ajustar estrategias. Pero hay algo que muchas empresas siguen dejando en segundo plano: las personas. Y sin ellas, ninguna estrategia de resiliencia está completa

Planificas la semana, revisas tus números y tienes claras las prioridades. Pero últimamente cualquier imprevisto —un apagón, un proveedor que no llega, un equipo cansado— puede cambiar el rumbo del día en minutos. Cuando eso pasa, lo que realmente define si las cosas salen adelante o no, es tu gente. No los procesos, no el plan: las personas.

En Cuba, hemos normalizado hablar de «recursos humanos» como si se tratara de inventario o maquinaria. Pero seamos honestos: una máquina se apaga y se enciende. Una persona no. Una persona llega a tu negocio cargando con la realidad de su barrio, la preocupación por su familia, la búsqueda de alimentos y el estrés de un país que no se detiene. Como líder, tu instinto puede ser proteger la empresa. Pero la verdad incómoda es esta: si no proteges a la persona, no hay empresa que proteger.

Este no es un artículo sobre cómo evitar que se vayan. Es un artículo sobre cómo lograr que, mientras estén contigo, se sientan parte de algo que tiene sentido, incluso cuando el entorno parezca no tenerlo.

Reconocer el contexto es el nuevo contrato

Durante años, la relación laboral se basó en un intercambio simple: tiempo y habilidad por dinero. En el Cuba de hoy, ese contrato se resquebraja. La inflación se come el poder adquisitivo, la infraestructura falla y la incertidumbre es la única constante. No puedes resolverles la vida a tus empleados. No eres su salvador. Pero sí tienes la responsabilidad ética y estratégica de reconocer que sus condiciones han cambiado tanto como las tuyas. Un equipo resiliente no es el que aguanta golpes en silencio. Es el que sabe que su líder entiende su realidad. La resiliencia nace de la confianza, y la confianza nace de la honestidad.

Antes de pedir más esfuerzo, hazte estas cuatro preguntas incómodas:

  • ¿Su salario sigue siendo justo? No hablamos de si cumple el mínimo legal, sino de si les permite vivir con un mínimo de dignidad y tranquilidad. Si el dinero no alcanza, el compromiso se resquebraja.
  • ¿El trabajo sigue teniendo sentido? ¿Entienden por qué hacen lo que hacen? En tiempos de crisis, el propósito es el combustible que falta cuando la gasolina escasea.
  • ¿Los métodos siguen vigentes? ¿Estamos exigiendo presencialidad cuando el trabajo podría hacerse remoto? ¿Mantenemos horarios de oficina cuando la ciudad está colapsada?
  • ¿Las tareas están actualizadas? ¿Hay procesos burocráticos internos que puedes eliminar para ahorrarles energía mental?

Resiliencia según el negocio

No es lo mismo liderar un equipo de desarrollo de software que uno de construcción. La resiliencia debe tailorizarse. Analicemos cómo aplicar el enfoque «personas primero» según tu giro:

Servicios (Gastronomía, Turismo, Belleza)

  • La realidad: tu equipo está en la línea de fuego. Si un cliente se molesta por un apagón, quien recibe el golpe es tu empleado, no tú.
  • La acción: dales autoridad para resolver. No los dejes solos frente a la queja del cliente sin respaldo. Crea protocolos de «crisis amable»: si se va la luz, ¿cómo atendemos? ¿Hay agua? ¿Hay comida para el equipo?
  • El mensaje: «Tu bienestar es tan importante como la satisfacción del cliente. Si tú no estás bien, no puedes cuidar a nadie.

Comercio y tiendas directas al consumidor

  • La realidad: manejo de efectivo, inventarios y presión por ventas. El estrés por la seguridad y los números es alto.
  • La acción: transparencia radical. Clarifica cómo se calculan los incentivos. Si hay un error de inventario, investiga antes de asumir culpa. Ofrece seguridad física real (transporte seguro si salen tarde).
  • El mensaje: «Confío en tu honestidad y protejo tu integridad. Aquí los números importan, pero las personas más.»

Producción y manufactura

  • La realidad: esfuerzo físico, dependencia de maquinaria y energía. El cansancio acumulado es peligroso.
  • La acción: respeta los tiempos de descanso. Si la producción se para por falta de insumos, no los hagas esperar sin hacer nada. Usa ese tiempo para mantenimiento o capacitación, o permíteles retirarse. La seguridad industrial no es negociable, ni siquiera para «cumplir la entrega».
  • El mensaje: «Tu salud física es el activo más valioso de esta empresa. No la arriesgues por una producción urgente.»

Servicios profesionales y Tech

  • La realidad: necesidad de conectividad y concentración. El burnout por «estar siempre disponible» es real.
  • La acción: mide por resultados, no por horas conectados. Si se va el internet, no exijas respuesta inmediata. Facilita datos móviles o espacios de trabajo alternos como parte de su compensación.
  • El mensaje: «Confío en tu criterio. Tu vida no puede parar porque haya una falla técnica. Trabaja cuando puedas, entrega calidad cuando estés listo.»

La trampa de la «flexibilidad»

Cuidado … ofrecer flexibilidad no significa lavarse las manos. Decirles «arreglátelas como puedas» no es liderazgo, es abandono. La verdadera flexibilidad es activa. No es: «Si no hay luz, no vengas»; es: «Si no hay luz en tu zona, trabaja desde este espacio que hemos acondicionado, o ajusta tu horario para recuperar las horas o que salga el resultado cuando haya energía, sin perder salario».

No se trata de resolverles todos los problemas externos, pero sí de no complicárselos más dentro del horario laboral. Elimina la burocracia interna. Si puedes aprobar una petición de ausencia o ajuste de jornada o vacaciones con un mensaje, no pidas un formulario firmado por triplicado. Si puedes adelantar un pago para que compre medicinas o pague algo que sabes que es importante, no esperes a la fecha fija de nómina si en eso no va la vida del negocio.

Si eres el líder de un negocio en Cuba, te dejamos un ejercicio para hoy mismo

No termines de leer este artículo y lo archives. Te propongo un desafío para esta semana. Siéntate con tu equipo. No en una reunión formal de «evaluación». En un espacio seguro diles algo simple:

Sé que los tiempos son difíciles. Sé que las cosas han cambiado fuera y dentro de aquí. Quiero saber qué podemos ajustar para que trabajar aquí sea menos pesado y más significativo para ustedes. No prometo solucionar todo, pero prometo escuchar y ajustar lo que esté en mis manos.

Y luego, escucha. Es posible que te pidan algo que no puedes dar y está bien. Pero es probable que te pidan algo simple: un cambio de horario, una herramienta que falta, o simplemente sentir que su esfuerzo es visto.

Al final del día, la resiliencia de tu empresa es un reflejo de la resiliencia de tu gente. Y la resiliencia de tu gente depende de qué tan seguros se sientan contigo. En un entorno donde todo es incierto, tú debes ser la certeza. No la certeza de que todo saldrá bien económicamente, sino la certeza de que, mientras estén remando contigo, no los dejarás caer. Revisa tu nómina. Revisa tus horarios. Revisa tu trato. Porque al final, el negocio lo hacen las máquinas, los procesos y el capital. Pero quien decide si el negocio vale la pena, es la persona.

¿Está tu equipo contigo por necesidad o por convicción? La respuesta a esa pregunta definirá si tu negocio sobrevive a la crisis o simplemente existe hasta que la crisis lo alcance. Personas primero. El resto, viene después.

Te brindamos

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