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El viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga anunció que los cubanos residentes en el exterior podrán invertir en mipymes y participar en modalidades de inversión extranjera. El anuncio es histórico, pero su impacto real dependerá de cómo se resuelvan obstáculos que vienen de lejos y de qué tan rápido se activen los mecanismos para conectar oferta y demanda

Los hechos: qué cambia con el anuncio

El pasado 11 de marzo, el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga confirmó lo que muchos esperaban desde hace años: los cubanos residentes en el exterior, independientemente de su estatus migratorio en Cuba, podrán invertir directamente en el sector privado de la Isla.

No es una medida aislada. Forma parte de un paquete de acciones que el gobierno viene implementando para abrir espacios al capital privado en un contexto de crisis energética profunda y asfixia económica. Pero lo que se anunció ahora abre puertas que antes permanecían cerradas, incluso para quienes habían emigrado y mantenían vínculos económicos con el país.

Las modalidades anunciadas son tres, y cada una tiene implicaciones distintas.

  1. Ser socio de una mipyme privada de nueva creación. Un cubano residente en el exterior puede constituir junto a otros socios (residentes o no) una nueva empresa privada en Cuba. Eso le otorga derechos de propiedad plenos sobre una persona jurídica cubana, con capacidad para contratar fuerza de trabajo, operar en todo el territorio nacional, formalizar contratos con empresas estatales, privadas o extranjeras, importar con carácter comercial y ejercer cualquier actividad no prohibida por el listado vigente. También puede arrendar inmuebles o instalaciones, tanto de privados como del Estado, y traer al país equipamiento, materias primas y medios de transporte para sostener sus operaciones.
  2. Incorporarse como socio a una mipyme ya existente. Quienes ya tienen un negocio funcionando en Cuba pueden recibir la inversión de un residente en el exterior, que aporta capital y adquiere participaciones sociales. Las condiciones las define el estatuto social de la empresa receptora. Esta vía permite capitalizar negocios ya en marcha, apoyarlos para acceder a nuevos mercados y, en muchos casos, legalizar participaciones que en la práctica ya existían pero no podían declararse abiertamente.
  3. Participar en modalidades de inversión extranjera junto a empresas privadas cubanas. La Ley de Inversión Extranjera permite hoy la creación de empresas mixtas y contratos de asociación económica internacional. Lo nuevo es que ahora un cubano residente en el exterior puede ser el socio extranjero de una empresa privada cubana, constituyendo una nueva persona jurídica que hereda las ventajas del régimen de inversión extranjera: posibilidad de realizar una gama más amplia de actividades económicas y acceso directo al comercio exterior.

A esto se suma una novedad que ya venía gestándose: la participación de cubanos residentes en el exterior en el sistema financiero cubano, mediante la creación de instituciones financieras no bancarias, sociedades administradoras de fondos de inversión y bancos de diversos tipos, previa licencia del Banco Central de Cuba. En los últimos meses ya han surgido más de cinco actores de este tipo, que comienzan a dar sus primeros pasos.

Por qué esto importa ahora: contexto de crisis y oportunidad

Este anuncio no llega en vacío. Llega en medio de la peor crisis energética que ha enfrentado Cuba en décadas, con apagones de hasta 20 horas diarias, escasez de combustible que paraliza la economía y un cerco externo que se ha ido cerrando progresivamente.

En ese contexto, abrir la puerta a la inversión de los cubanos residentes en el exterior es más que una medida de apertura: es un reconocimiento de que el país necesita movilizar todos los recursos disponibles para enfrentar la tormenta. Los cubanos de la diáspora tienen capital, tienen experiencia internacional, tienen redes y, en muchos casos, tienen también el deseo de contribuir al país que los vio nacer.

La pregunta no es si hay interés. La pregunta es si las condiciones permitirán que ese interés se traduzca en proyectos concretos. Y eso depende tanto de lo que pase en Cuba como de lo que pase en el entorno externo, especialmente en Estados Unidos, donde reside la mayor parte de la diáspora cubana.

Los perfiles de inversionista: no todos buscan lo mismo

Uno de los errores más comunes al analizar este tipo de medidas es tratar a «los cubanos residentes en el exterior» como un grupo homogéneo. No lo son. Sus motivaciones, capacidad de inversión y restricciones legales varían enormemente. Identificar los perfiles ayuda a entender qué tipo de inversión podría llegar y a través de qué vías.

  • Perfil 1: El que nunca quiso irse y quiere volver para invertir.

Es el cubano que mantuvo su vínculo afectivo con la Isla, que visita regularmente, que quizás ya envía remesas o apoya a familiares. Su motivación no es solo financiera: busca arraigo, quiere reconstruir algo en el lugar del que salió. Suele estar dispuesto a invertir a plazos más largos y a aceptar rentabilidades moderadas si el proyecto tiene sentido emocional. Para él, la seguridad jurídica es importante, pero la confianza en el socio local puede pesar más que el marco legal.

  • Perfil 2: El exitoso en el exterior que ve una oportunidad de negocio.

Este perfil es más frío, más analítico. Ha tenido éxito en su país de residencia y mira a Cuba con ojos de inversionista profesional. Busca rentabilidad, escalabilidad, salidas claras. No le mueve la nostalgia, sino el retorno sobre la inversión. Evaluará el riesgo país, la estabilidad regulatoria, la capacidad de repatriar utilidades y las proyecciones de crecimiento del sector donde piensa invertir. Para él, las garantías formales son decisivas.

  • Perfil 3: El que ya mandaba remesas y ahora quiere formalizar una participación.

Es un perfil muy común: el cubano que durante años ha enviado dinero a familiares o amigos para que inicien o sostengan un negocio, pero lo hacía de manera informal, sin papeles. Ahora ve la oportunidad de convertir ese flujo en una participación legal, con derechos claros. Su motivación principal no es tanto la rentabilidad futura sino la seguridad de lo ya invertido. Busca blindar lo que ya existe, más que lanzarse a nuevas aventuras.

  • Perfil 4: El cubanoamericano con ciudadanía estadounidense.

Este es el perfil más complejo. Enfrenta restricciones legales que los otros no tienen. Las sanciones de EE.UU. contra Cuba no le permiten invertir libremente, y cualquier operación debe ser analizada con lupa para no violar las regulaciones de la OFAC. Su interés puede ser tan alto como el de cualquier otro, pero sus opciones son más limitadas y los costos de asesoramiento legal, más elevados. Para él, la pregunta no es solo «dónde invertir», sino «cómo hacerlo sin ponerse en riesgo».

Cada perfil requiere un enfoque distinto, y cada uno enfrenta barreras distintas. Ignorar esa diversidad lleva a análisis simplistas y a expectativas mal calibradas.

Sectores ganadores y perdedores: dónde llegará la inversión y dónde no

No todas las actividades económicas son igualmente atractivas para la inversión externa. Algunas concentrarán la mayor parte del interés; otras quedarán rezagadas. Identificar los sectores ganadores y perdedores ayuda a los empresarios a posicionarse y a los inversionistas a enfocar su búsqueda.

Ganadores previsibles:

  • Logística y transporte de cargas: En un país donde la movilidad de mercancías es uno de los principales cuellos de botella, todo lo que ayude a mover productos tiene demanda asegurada. Flotas de camiones, almacenes, centros de distribución, soluciones de frío. Es un sector con necesidades evidentes y donde la inversión puede tener retornos rápidos.
  • Energías renovables: En un contexto de crisis energética, todo lo que ayude a generar electricidad fuera de la red tiene potencial. Proyectos de paneles solares, parques eólicos, soluciones de almacenamiento, biocombustibles. Es un sector con demanda asegurada y con posibilidad de escalar.
  • Servicios financieros: La creación de instituciones financieras no bancarias, sociedades administradoras de fondos y otros actores del sistema financiero abre un campo completamente nuevo. Quienes entren ahora pueden posicionarse como primeros movientes en un sector que hasta hace poco estaba vedado para el capital privado.
  • Producción agrícola: Cuba importa una parte significativa de los alimentos que consume. Proyectos agrícolas con tecnología, riego, invernaderos, mecanización, pueden sustituir importaciones y abastecer el mercado interno con productos de calidad. Es un sector de largo plazo, pero con necesidad estructural. Eso sí, habrá que precisar por parte de las autoridades si las personas jurídicas privadas nacionales podrán recibir tierras en usufructo, posibilidad que de momento está negada en el anteproyecto de ley de propiedad, posesión y uso de la tierra que se discute actualmente y que se llevará a la Asamblea Nacional durante algún momento de 2026. Sin esa claridad, el sector agropecuario privado seguirá operando con una mano atada.
  • Manufactura variada para cubrir necesidades locales: Producción de materiales de construcción, envases, textiles, productos de limpieza, bienes de consumo básico. Todo lo que hoy se importa y puede producirse localmente es candidato a recibir inversión.
  • Tecnología y servicios profesionales: Empresas de software, consultoría, servicios de exportación, centros de llamadas, desarrollo de plataformas digitales. El capital requerido no es tan alto, el acceso a mercados externos es más fácil y la huella regulatoria, menor.
  • Inmobiliario: Especialmente en segmentos de almacenamiento, naves industriales, oficinas, o vivienda para sectores medios y altos. La posibilidad de adquirir propiedades a través de personas jurídicas abre un abanico de opciones que antes no existían. Sin embargo, habrá que esperar a la versión final de la Ley de la Vivienda, la cual también está en discusión actualmente, para entender con certeza el marco en el que se podrá operar.

Perdedores previsibles:

  • Turismo: Puede parecer contradictorio, pero en el contexto actual este sector está prácticamente paralizado. La caída del turismo internacional, las restricciones de viajes desde Estados Unidos, la falta de conectividad aérea y la crisis energética que afecta a hoteles y servicios turísticos lo convierten, hoy por hoy, en un territorio de alto riesgo. Dicho esto, la situación puede cambiar rápidamente si se produce una eventual flexibilización de los viajes de estadounidenses a Cuba. En ese escenario, el turismo volvería a ser protagonista. Pero mientras eso no ocurra, no es un sector prioritario para la inversión.
  • Comercio minorista tradicional: Es un sector atomizado, con márgenes ajustados y alta competencia. Difícilmente atraerá inversión externa significativa, salvo que sea para escalar a formatos de cadena.
  • Actividades con baja rentabilidad o alto riesgo regulatorio: Transporte de pasajeros, construcción de vivienda social, servicios personales. Son sectores donde la inversión externa no encuentra ventajas comparativas claras.
  • Actividades sujetas a permisos discrecionales: Cuanto más dependa un negocio de autorizaciones caso por caso, menos atractivo será para un inversionista que busca predictibilidad.
Hay actividades que hoy están prohibidas para el sector privado (algunas profesiones, segmentos de la salud o la educación) pero que podrían abrirse en el futuro. Si eso ocurre, se convertirían en candidatas naturales para recibir inversión externa. Por ahora, son tierra de nadie.

El desafío del matchmaking: cómo conectar oferta y demanda

Uno de los problemas más prácticos que plantea este nuevo marco es también el más básico: ¿cómo se encuentran quienes buscan inversión y quienes ofrecen capital?

Hoy no existe un mercado visible, una plataforma reconocida, un espacio donde oferta y demanda puedan encontrarse con transparencia. Hay empresarios cubanos que necesitan capital y no saben a quién acudir. Hay cubanos en el exterior con liquidez que querrían invertir y no saben dónde.

En otros países con diásporas poderosas, este problema se ha resuelto con:

– Plataformas digitales especializadas que conectan proyectos con inversionistas.

– Fondos de inversión de la diáspora que canalizan recursos hacia sectores prioritarios.

– Eventos de matchmaking organizados por cámaras de comercio o asociaciones empresariales.

– Redes de confianza que operan a través de consultoras o despachos de abogados.

Ahí es donde AUGE puede jugar un rol. Llevamos años acompañando a empresas privadas cubanas y a inversionistas externos. Hemos desarrollado un conocimiento práctico de los mecanismos regulatorios, las oportunidades reales y los riesgos a evitar. Y hemos construido una red de contactos que nos permite conectar actores serios de ambos lados.

No se trata de tener la fórmula mágica, sino de ofrecer lo que hemos aprendido: ayudar a evaluar proyectos, estructurar acuerdos y construir relaciones de confianza. Para quienes buscan inversión y para quienes quieren invertir, ese acompañamiento puede marcar la diferencia.

Mientras el ecosistema de matchmaking en Cuba se desarrolla, en AUGE estamos disponibles para tender puentes con criterio.

Los obstáculos: lo que no se resuelve con un anuncio

Todo esto suena bien en el papel. Pero quienes llevamos años acompañando a empresas privadas en Cuba sabemos que la distancia entre el anuncio y la realidad puede ser enorme si no se enfrentan los problemas estructurales que vienen de antes.

El primero es la lentitud en la aprobación de mipymes. Desde 2024, el proceso se ha ido desacelerando por la demora de los gobiernos locales y el Ministerio de Economía. Se ha reinstalado un nivel de discrecionalidad preocupante: objetos sociales cuestionados sin fundamento real, actividades rechazadas sin explicación clara, solicitudes que llevan más de dos años esperando respuesta. Si eso no se corrige ahora mismo, cualquier entusiasmo inversor chocará contra el muro de la burocracia.

El segundo es el desorden bancario y cambiario, agravado por la crisis energética. Los servicios bancarios están afectados por falta de personal, cortes eléctricos y una oferta insuficiente de sucursales dedicadas al sector corporativo. La posibilidad de abrir cuentas en dólares desde las cuales pagar al exterior sigue siendo una tarea pendiente, con una implementación muy lenta. Difícilmente un inversionista va a traer capitales si no tiene garantías de que puede moverlos con fluidez.

El tercero es la falta de confianza en el marco regulatorio. No es un problema nuevo: décadas de cambios normativos discrecionales han dejado huella. El «perfeccionamiento» del trabajo por cuenta propia en 2017, el reordenamiento de normas de 2024, la volubilidad con que a veces se modifican las reglas. Todo eso pesa. El gobierno necesita ofrecer señales convincentes, claras e irrevocables de que el marco no va a cambiar si no es para ampliar oportunidades. Remontar esa desconfianza lleva tiempo y gestos concretos.

El cuarto, y quizás el más pesado, es el entorno externo: las sanciones de Estados Unidos contra Cuba. En el caso de los cubanos residentes en ese país que tienen ciudadanía estadounidense, el riesgo de violar las regulaciones de la OFAC es real y puede constituir un desincentivo considerable. La administración Trump habla de apertura económica, pero mientras las sanciones sigan vigentes, cualquier avance puede quedar en letra muerta.

Las preguntas que todavía no tienen respuesta

Un anuncio de esta naturaleza genera inevitablemente preguntas. Algunas de ellas son cruciales para que los interesados puedan tomar decisiones informadas:

¿Cómo se sostiene, desde qué argumento, que los cubanos residentes en la isla sigan excluidos de ciertas actividades —como las financieras o los servicios profesionales— mientras que por la vía de la inversión extranjera un residente en el exterior sí pueda participar en ellas?

¿Seguirá rigiendo para las empresas mixtas y los contratos de asociación el principio de «aprobación caso por caso», con todo lo que eso implica en términos de discrecionalidad?

¿Será la Ventanilla Única del MINCEX el camino para canalizar estos procesos, o habrá que navegar por múltiples instancias?

¿Cómo van a repatriar sus utilidades los inversionistas? ¿Con qué mecanismos y garantías cambiarias?

En el caso de las empresas mixtas, ¿cómo se contratará la fuerza de trabajo? ¿Mediante agencias empleadoras, como ocurre hoy con la inversión extranjera?

¿Cómo podrán los que buscan inversiones con los que las ofrecen conectarse? En este punto, el rol de actores especializados como AUGE resulta clave para tender puentes con criterio y confianza.

¿Por qué con inversiones provenientes de cubanos residentes en el exterior sí, pero aún permanece vedada la posibilidad de la inversión extranjera directa convencional en el sector privado? La respuesta a esta pregunta definirá el techo de este nuevo marco.

Lo que deberían hacer los que quieran aprovechar esta oportunidad

Para los cubanos residentes en el exterior que estén considerando invertir, el camino empieza por informarse adecuadamente. No todas las modalidades son iguales ni convienen para lo mismo. Según el modelo de negocio que se planee, hay que evaluar comparativamente cuál es el esquema más favorable.

Si se es ciudadano estadounidense, es imprescindible asesorarse bien para determinar si la operación infringe las sanciones vigentes y, en su caso, adoptar las estrategias que correspondan para operar dentro del marco legal.

Identificar al socio adecuado es quizás la decisión más crítica. Hay que valorar seriedad, experiencia, recursos disponibles, cuota de mercado, estructura legal. Una mala elección puede costar mucho más que el capital invertido. En esta búsqueda, contar con acompañamiento especializado puede marcar la diferencia entre una alianza exitosa y una relación conflictiva.

Y, por supuesto, preparar la documentación necesaria para los trámites que correspondan en Cuba. No es un proceso que pueda improvisarse.

Para las mipymes en Cuba que buscan inversión, el proceso es simétrico. Hay que identificar con claridad para qué se necesita el capital, con qué fin y en qué modalidad sería más conveniente recibirlo. Tener preparado un plan de negocio —al menos una versión ejecutiva— es clave para poder presentar el caso con seriedad. Identificar las propias fortalezas y aportes, construir una relación de confianza con el posible socio y buscar asesoría legal para todo el proceso son pasos que no deberían omitirse.

En AUGE acompañamos tanto a inversionistas como a empresas en cada una de estas etapas.

Valoraciones finales: realismo, no optimismo ni pesimismo

Este es un anuncio tardío. Llega en medio de una crisis profunda, cuando el país enfrenta una escasez energética que lo paraliza todo. En ese contexto, hablar de optimismo o pesimismo es improductivo. Lo que toca es realismo.

Urge detener cuanto antes la crisis energética y estabilizar el país en ese frente. Sin electricidad y sin combustible, ningún negocio funciona, por muy bien capitalizado que esté. Por otro lado, el gobierno de Estados Unidos debería plantearse seriamente relajar las sanciones, porque su peso es inmenso y, si no se mueve ese cerrojo, cualquier cambio en Cuba puede quedar en letra muerta.

En un entorno tan incierto como el actual, es muy difícil establecer cuál será el verdadero impacto de esta medida en el corto plazo. Lo más probable es que sea limitado si no se enfrentan los obstáculos mencionados y si no se responden afirmativamente las preguntas que quedan abiertas.

Pero hay algo que los números no capturan: la capacidad de resiliencia de los cubanos. Lo que desde fuera se vislumbra como una crisis, muchos empresarios lo ven como una oportunidad inédita que hay que aprovechar cuanto antes. Y en eso, la historia demuestra que no suelen equivocarse.

Te brindamos

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